jueves, 13 de septiembre de 2007

Singet! singet! singet dem Herrn

Vuelo denuevo, por mis padres
que impacientes me esperan
quieren verme pronto y les vienen las ansias
y la urgencia
asi que hago caso y vuelo denuevo.
Y bueno, tengo ganas de ir
asi como para olvidarme un poco de los estudios
y mi crisis de motivación
(idea algo ilusa porque llevaré un sinnúmero de cosas para estudiar allá
de manera que no me separaré de esto y se mezclarán dos mundos, que raro).
Cambiando un poco de tema
Bach, maestro eternamente!
y encontré una página de un coro
de cámara (¿?) que me gusto re-harto


jueves, 6 de septiembre de 2007

Dream of the Return

Al mar heché un poema
que llevó con él mis preguntas y mi voz.
Como un lento barco se perdió en la espuma.

Le pedí que no diera la vuelta
sin haber visto el altamar y en sueños hablar
conmigo de lo que vio.

Aún si no volviera yo sabría si llegó.

Viajar la vida entera
por la calma azul o en tormentas zozobrar.
Poco importa el modo si algún puerto espera.

Aguardé tanto tiempo el mensaje
que olvidé volver al mar y así yo perdí aquel poema.
Grité a los cielos todo mi rencor.

Lo hallé por fin pero escrito en la arena
como una oración.

El mar golpeó en mis venas
y libró mi corazón.

lunes, 3 de septiembre de 2007

en una casa que puede o no estar embrujada

Mañana.
La casa está callada, no se mueve el aire dentro,
sólo crujen los materiales con el primer sol de las 7:00 am
más allá, más acá, dando una especie de visión tridimensional del tamaño de las piezas y muros.
Cuando me levanto y camino a piez descalzos
pareciera revolver el aire más denso que ha precipitado sobre el piso helado, arremolinándose invisible.
AAAhhhmm! qué sueño, hay sol afuera.
Hoy taller de ágebra, cálculo, geología y taller de geología en la tarde.
El ajetreo del día me mantiene ocupado conversando con la gente y escuchando las clases,
luego a la hora del almuerzo improviso algo (tengo que comer YA algo diferente a fideos)
mientras la radio suena y los niñitos del Andrés Sabella gritan afuera cuando sus mamás y papás llegan a buscarlos. Quedo satisfecho y ordeno un poco la cocina.
Después del taller de geología en que identifico un sinnúmero de rocas y cristales mientras muero con el viento gélido de las 18:00 horas, la casa está silenciosa denuevo.
Sentado arriba en el computador escribiendo una entrada a mi blog no me percato de como anochese afuera. No prendí la radio esta vez. Derepente siento que alguien entra a la casa, que pasa cerca de la escalera. Llegó Laura, pienso; claro, si es martes. Al rato bajo y la llamo porque parece que no está (¿?)
Y no está.
Entonces voy a la radio y pongo música de Jónsi tocando la guitarra eléctrica con su arco de cello que tanto tranquiliza cuando uno lo necesita.
Mmmmm... estando callado uno siempre pareciera esperar escuchar a alguien llegar, que irrumpa espontáneamente. La soledad es sugestiva. Diablos, no voy a pensar más en eso, no sea que luego en la noche empiece tontamente a revivir esos viejos temores infantiles a la oscuridad movediza y rastrera; la extraña sensación de presencia no deja dormir tranquilo.
Pero igual duermo y al otro día amanece bonito.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Comercio

Los famas habían puesto una fábrica de mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y depósito. Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima alegría. Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran transparentes y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a veces un sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y querían bailar tregua y bailar catala en vez de trabajar. Los famas se enfurecieron y aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento interno. A fin de evitar la repetición de tales hechos. Como los famas son muy descuidados, los cronopios esperaron circunstancias favorables y cargaron muchísimas mangueras en un camión. Cuando encontraban una niña, cortaban un pedazo de manguera azul y se la obsequiaban para que pudiese saltar a la manguera. Así en todas las esquinas se vieron nacer bellísimas burbujas azules transparentes, con una niña adentro que parecía una ardilla en su jaula. Los padres de la niña aspiraban a quitarle la manguera para regar el jardín, pero se supo que los astutos cronopios las habían pinchado de modo que el agua se hacía pedazos en ellas y no servía para nada. Al final los padres se cansaban y la niña iba a la esquina y saltaba y saltaba. Con las mangueras amarillas los cronopios adornaron diversos monumentos, y con las mangueras verdes tendieron trampas al modo africano en pleno rosedal, para ver cómo las esperanzas caían una a una. Alrededor de las esperanzas caídas los cronopios bailaban tregua y bailaban catala, y las esperanzas les reprochaban su acción diciendo así: ¡Crueles cronopios cruentos!. ¡Crueles! Los cronopios, que no deseaban ningún mal a las esperanzas, las ayudaban a levantarse y les regalaban pedazos de manguera roja. Así las esperanzas pudieron ir a sus casas y cumplir el más intenso de sus anhelos: regar los jardines verdes con mangueras rojas. Los famas cerraron la fábrica y dieron un banquete lleno de discursos fúnebres y camareros que servían el pescado en medio de grandes suspiros. Y no invitaron a ningún cronopio, y solamente a las esperanzas que no habían caído en las trampas del rosedal, porque las otras se habían quedado con pedazos de manguera y los famas estaban enojados con esas esperanzas.

Julio Cortázar

la Piedra del Elefante


Vaya, como son las cosas como que me humanicé
o me humanizaron, no sé;
quien diría que ese Leo santiaguino
aburrido, que no hacía nada, que no salía,
que sólo leía y leía, que no bailaba,
que calculaba,
que no tenía lazos muy fuertes con nadie
además de sus padres
que era mas bien frío y lejano
cambiaría un poco.
Diablos. Parece que tenían razón.
"Ya vas a ver, cuando entres a la U, el carrete,
los amigos, yo la pasé muy bien en la U, que
la U aquí, que la U allá, que todo eso"
Y yo "Bah, si sabes como soy, eso no pasará, si sabes que
no necesito mucho a la gente, me da lo mismo"
etc.
Freud tenia razón. Nomás alejarse de los viejos
y el humano empieza a buscar remplazo del cariño faltante,
siendo ese el motor de las relaciones humanas.*
Santiago es exclusivamente por mis padres y familia. Y por la Coni.
Mas nada. No hay raíces al final, los lazos quedarán acá.
(*): ¿era Freud?


domingo, 26 de agosto de 2007

anacoreta al fin

Me encuentro en mi pieza, hechado sobre la cama mirando el altillo sobre mi que hace las veces de techo. está atardeciendo.
Ni un ruido en la casa. Arriba la tía sigue en su eterno escaneo de diapositivas acumuladas por años de historia familiar en pro de un compendio final de ésta; el tío ya se fue a su oficina. Son las 6:00 de la tarde y me incorporo con algo de frío, que es muy normal en este espacio alto y tenue.
Tomo mis llaves , paso junto a la escalera y le grito a la tía que voy y vuelvo, al abrir la puerta me recibe la Chatén (histérica como siempre), evito sus felices uñas asesinas de chalecos y salgo de la casa. No sé a donde y no hay una razón exacta, sólo me dirijo a la costa.
Corre mucho viento. Las palmeras y demases se doblan fácilmente en el camino (entiendo así la forma peculiar de algunos árboles de por aquí), cruzo la calle y empiezo a pensar que en vez de evitar el azote gélido del viento es mejor resignarse y hacerse un poco parte de él.
Hay una especie de anfiteatro cuadrado allí de donde viene el sonido de una banda militar que ha estado todo el dia en lo mismo y me sorprendo al acercarme y ver que son sólo unos 13 jóvenes practicando... hubiese jurado que todos los regimientos del sur de Antofagasta estaban pasando por la costanera.
La calzada continúa directo a la grúa macosa que se levanta imponente frente a mi pequeña humanidad; al pasar bajo ella pareciera querer aplastarme. Y termina todo en los amplios escalones desde los cuales sólo unos pasos me separan de las rocas donde se rompen las olas. Me quedo en el borde, de pie, tán sólo mirando. El mar siempre me gustó más en un día nubado. Parece abovedarse bajo las nubes oscuras y adquiere un tamaño más perceptiblemente enorme y lejano... sólo una bandada de siluetas voladoras hacen falta para que la escena sea perfectamente hipnotizante. Casi puedo escuchar esa música...
Son minutos, un pequño tiempo, ni siquiera he bierto la boca para respirar por ella; me gusta pensar que en realidad no estoy, que soy invisible, que no soy más que esa tierra que permanece allí haciendo lo mismo que yo pero durante años. A mis espaldas está tódo, están todos, todo lo que ha pasado, todo lo que he conocido, siguiendo su curso cotidiano, aconteciendo lo que luego se comentará en las agradables reuniones, en las llamandas telefónicas a distancia y en las onces mas o menos familiares.
No es el silencio, es la soledad que resulta del mar, que todo lo disuelve y lo convierte en arena. Cómo le temo al mar.
Media vuelta y los pasos me llevan de regreso. La banda aún toca las liras y los tambores; el perro que los acompaña me ve y corre rabioso hacia mí, subiendo veloz los escalones. Se acerca ladrando. Toca mi codo con su hocico incluso. No me inmuto, no me detengo, no varío la inercia, pues no es capaz de dañarme realmente, no tiene razones.
Al pasar bajo la escalera le grito a la tía que ya llegué.
Me siento en la cama, me recuesto en ella, como hace un momento.
Esta noche canto denuevo. Qué bien.
Si no fuese por eso quizás si me disolviera el mar.